El acoso escolar
(también conocido como hostigamiento escolar, matonaje escolar, matoneo
escolar o por su término en inglés bullying) es cualquier
forma de maltrato
psicológico, verbal o físico producido entre escolares
de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado tanto en el aula, como a
través de las redes sociales, con el nombre específico de ciberacoso.
Estadísticamente, el tipo de violencia dominante es el emocional y se da
mayoritariamente en el aula y patio de los centros escolares. Los protagonistas
de los casos de acoso escolar suelen ser niños y niñas en proceso de entrada en
la adolescencia,
siendo ligeramente mayor el porcentaje de niñas en el perfil de víctimas.
El acoso escolar es
una forma característica y extrema de violencia
escolar.
El acoso escolar es una especie de tortura, metódica y sistemática,
en la que el agresor sume a la víctima, a menudo con el silencio, la
indiferencia o la complicidad de otros compañeros.[1]
Este tipo de violencia
escolar se caracteriza, por tanto, por una reiteración encaminada a conseguir
la intimidación de la víctima, implicando un abuso de poder en tanto que es
ejercida por un agresor más fuerte (ya sea esta fortaleza real o percibida subjetivamente)
que aquella. El sujeto maltratado queda, así, expuesto física y emocionalmente
ante el sujeto maltratador, generándose como consecuencia una serie de secuelas
psicológicas (aunque estas no formen parte del diagnóstico);
es común que el acosado viva aterrorizado con la idea de asistir a la escuela y
que se muestre muy nervioso, triste y solitario en su vida cotidiana. En
algunos casos, la dureza de la situación puede acarrear pensamientos sobre el suicidio
e incluso su materialización, consecuencias propias del hostigamiento hacia las
personas sin limitación de edad.