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jueves, 24 de octubre de 2013

LETRAS CON HISTORIA..."TORTUGA" por LUIS GIRARTE MARTÍNEZ

TORTUGA
Luis Girarte Martínez 



"Los cuentos de Tortuga tienen la intensidad de las historias de un pueblo como el nuestro. (Sahuayo, Michoacán) Los nombres de sus personajes corresponden a personas que vivieron o viven todavía. En cada uno de los cuentos encontramos un rasgo histórico del pueblo al que pertenecen"
Luis Manuel Rodríguez García

Lo cierto es que la obra literaria nos permite ver un reflejo de la intimidad de un pueblo, de su gente, de sus costumbres, de sus creencias y estilos de vida. Toda una historia única representada en la cotidianeidad de las acciones comunes y corrientes de los seres humanos de un espacio y tiempo determinado, pero con el color del arte literario se vuelven hechos extraordinarios que retratan la historicidad de un pueblo.

El estilo narrativo de esta obra literaria nos evoca tintes de realismo mágico en las historias relatadas con una sutileza lírica que pareciera que la ilación tuviera un ritmo que atrapa y nos adentra en un plano impactante en cada acción que se narra. Sin duda una narrativa que envuelve nuestra atención y sentimientos humanos. 

Ver pues en estas piezas literarias un poco de la historia de un pueblo nos permite reconocer que el arte de las letras no solamente es un instrumento de expresión estética de la palabra, sino que es una fuente basta para el conocimiento de los fenómenos históricos y sociales de un pueblo o nación. 
 

miércoles, 23 de octubre de 2013

LETRAS CON HISTORIA...EL MILAGRO DE GUICHO

EL MILAGRO DE GUICHO



"Todavía no se sabe lo que pasó en Tortuga. El rumor se fue corriendo por la calle, tocando las puertas y las ventanas, parándose en las esquinas, colgándose de los postes, hasta que se metió en la boca de las mujeres y entonces sí, ya nadie pudo detenerlo. Se dice que también nadie tuvo la intención de pararlo. En un pueblo tan fecundo como el de Tortuga, donde todo se daba de a mucho: muchas mazorcas, muchas vacas, muchas tierras, muchas casas, muchos hijos; la infertilidad era signo de decadencia, de desprestigio, de deshonor y de pérdida de negocios. Mermaba la posibilidad de incrementar las fortunas patriarcales mediante las bodas arregladas por el monto de las dotes de los hijos y a las hijas. Conflicto geométrico tendría que darse también en la distribución de herencias familiares. Eran menos. Pero cuando ya no hubiera nadie que sustentara el parentesco directo, ¿Qué pasaría con las fortunas ancestrales? Preocupación profunda y dolorosa era para algunos, aunque no lo dijeran, la cancelación de la estirpe por el exterminio de su sangre y como consecuencia, la de su abolengo de polvo colgado a la pared de los recuerdos, en el retrato de los abuelos. Se acabarían los Sánchez, los Gálvez, los Amezcua, los Anaya, los Castellanos y los Arceo. 

La verdad es que en Tortuga no había nacido ser, hombre o animal, en los últimos cuatro años. Por decir algo, las vacas y las chivas se volvieron horras y ya no dieron leche; los cerdos y los caballos se volvieron viejos, las gallinas no pusieron más huevos y los gallos dejaron de cantar en los corrales como signo de su esterilidad o su impotencia. Y Felipe Canillitas, el último de los niños nacidos en el pueblo, recién había cumplido los cuatro años."

"Y la vida en Tortuga se enfermó. Sin el sabor de la aventura. Sin el entusiasmo de crecer en la familia. Sin la fuerza creativa de los negocios para engrandecer las heredades, si ya no había herederos. Sin la proyección futurista de hacer de Tortuga un pueblo realmente significativo en el mapa poblacional del país"

"Pero un día, sin precisar la fecha para no equivocarme, Mariquilla la de Guicho sintió que le crecía la panza."


Luis Girarte Martínez, "Tortuga", 2008. pp.51-57

LETRAS CON HISTORIA...LA YEGUA

LA YEGUA



"Al Negro de Aurelia le gritan: ¿Cuánto por la yegua? Y se enfurece. El otro día persiguió a pedradas a los hijos de Marcos La Canica, Los hizo meter y atranca la puerta de su casa. No salieron hasta el otro día porque El Negro se plantó enfrente de la puerta con chico risco en la mano. Y tiene un tino extraordinario. Al Feo le pegó una pedrada en la espalda, fue un lanzamiento fenomenal, desde el zaguán de la casa de mi Chirongo hasta la ventana de Chuche Higareda. El Feo se fue retorciendo del dolor."

"Por lo demás, El Negro es un hombre bueno, que no hace mal a nadie, que no molesta a nadie, que no lastima a nadie mientras no le griten: ¿Cuánto por la yegua?

Por todo lo demás, El Negro de Aurelia se ajusta a las circunstancias de su tiempo. En los brindis de los matrimonios civiles aquí en Tortuga se acostumbra a cerrar la calle para hacer fiesta, El Negro rompe el baile, El Negro levanta el baso para brindar por los novios, El Negro saluda a todos, El Negro se tira de espaldas al suelo y baila de sentaderas, de talones, de espalda al ritmo caliente de la cumbia. Es el primero en llegar y el último en irse, No ofende a nadie. No molesta a nadie mientras no le griten: ¿Cuánto por la yegua?

De la misma forma, él llegaba a los velorios. Aquí en Tortuga también se acostumbra a cerrar la calle en los velorios. Igual que para las fiestas también se ponen sillas. Igual que en las fiestas, la gente se acomoda con quien quiere. Pero no hay música. Aquí podríamos hacer una antología de cuentos pícaros. Las canelas calientes se reparten igual que el vino viejo de las fiestas. Y los hombres toman, y El Negro toma. Y llora por el muerto y reza por el muerto y saluda a todos por el muerto y no molesta a nadie, no ofende a nadie mientras no le griten: ¿Cuánto por la yegua?

Luis Girarte Martínez, "Tortuga", 2008, pp.32-33



martes, 22 de octubre de 2013

LETRAS CON HISTORIA..."LA CASA EN QUE VIVIMOS"

LA CASA EN QUE VIVIMOS


"La casa donde ahora vivimos, antes era de adobe; con su pasillo al lado, sus cuartos en hilera, sus muros anchos, su tapanco de tejamanil sostenido por morillos encalados y su techo de tejas ennegrecidas por la lluvia y por el tiempo. En el corral, donde antes estaba el tejaban del lavadero, había una vaca bermeja que coleaba las moscas con la gracia de un abaniquero oriental. 

Cuando nosotros, para hacer la casa nueva donde ahora vivimos, la tumbamos: yo sentí que de sus muros y de sus puertas se caían los recuerdos, que en el polvo se escapaban los sueños de los que ahí durmieron antes, que las angustias y las risas se iban cargando en el camión materialista, pegadas a las tejas y a los adobes que conservaban todavía la capa de cal pintada en el cantó que no alcanzó a descarapelarse por completo con los golpes del pico. 

Donde estaba la vaca, a un lado del tejaban del lavadero, plantamos un tabachín rojo. Yo quería que floreara como los que están en la Plaza Juárez o los del atrio del Santuario. Pero no. Con el movimiento y los ajetreos de la construcción pisaron la pequeña varita verde y varios días se quedó ahí, recostada en la tierra, tendida como para el descanso o para el abandono. Hasta que el Guero, con sus siete años grandes, la tomó con sus manos y otra vez la clavó en la tierra, la regó con el agua del aljibe y la circuló con un débil arriate de pedazos de adobón. 


Pero el tabachín que plantamos nosotros y que replantó el Guero, creció para alcanzar el cielo."

Luis Girarte Martínez, Tortuga, pp. 41-42

lunes, 21 de octubre de 2013

LETRAS CON HISTORIA..."TORTUGA"

TORTUGA


"Mira compadre, Tortuga sigue siendo un pueblo tranquilo donde todavía se matan por una mentada de madre. Muchos han querido hacer de él un pueblo culto y limpio, ejemplo vivo de los otros pueblos de la región que, como él, también se han quedado sumisos a los mandamientos clericales y rebeldes a todo lo que huela, pinte o sepa a gleba revolucionaria, Y si no lo han logrado, es porque nadie ha sido lo suficientemente hombre para contar de tajo el sentido contradictorio de su personalidad, hasta plantar, entre sus mismas raíces, el árbol nuevo de las nuevas familias.

Como en los tiempos de la nevada o cuando llovió ceniza, cuando se levantaron como testimonio de maldades las figuras de Luis el Chunde, de Nacho la Chiscuaza, de Pablo el jerrentín y de los Pájaros Prietos, Tortuga sigue siendo un pueblo sucio, irreverente, lengua suelta y franco. A él le da lo mismo hablar bien que gritarle, de banqueta a banqueta o de esquina a esquina, al diputado o al presidente municipal. Esto lo aprendí de mi Chirongo que decía: Para llamarle bandido a un fulano, no hay que mandárselo decir, hay que gritárselo en la calle.


Algunos han intentado redimirlo, dignificarlo, elevarlo al rancio nivel del neoclasicismo que va desde la celebración de verdaderas tertulias literarias, hasta el nefasto gusto de comer y beber a la usanza de los hacendados que con su despotismo hicieron germinar en las maravillosas clases humildes la gracia de la ironía, de la sátira cruel y descarnada, contra los vástagos enquencles y viciosos que por herencia adquirieron los dones y atributos de los patriarcales..."


"Y aquel viejo pueblo de los viejos nahuas, embarrado de casas de falda del cerro, pueblo de cantos en el viento y palabras de amor en las canoas, se volvió un pueblo triste, enfermizo y violento; ha perdido su cara, los ojos y la vida...y es, compadre, un pueblo tan tranquilo, con su iglesia, su plaza, sus cantinas, donde todavía los hombres se matan por una mentada de madre."

Fotografía: Israel Ruíz, Sahuayo, Mich. 


                                                       Luis Girarte Martínez, "Tortuga", Sahuayo, Mich. 2008, pp.13-15