EL MILAGRO DE GUICHO
"Todavía no se sabe lo que pasó en Tortuga. El rumor se fue corriendo por la calle, tocando las puertas y las ventanas, parándose en las esquinas, colgándose de los postes, hasta que se metió en la boca de las mujeres y entonces sí, ya nadie pudo detenerlo. Se dice que también nadie tuvo la intención de pararlo. En un pueblo tan fecundo como el de Tortuga, donde todo se daba de a mucho: muchas mazorcas, muchas vacas, muchas tierras, muchas casas, muchos hijos; la infertilidad era signo de decadencia, de desprestigio, de deshonor y de pérdida de negocios. Mermaba la posibilidad de incrementar las fortunas patriarcales mediante las bodas arregladas por el monto de las dotes de los hijos y a las hijas. Conflicto geométrico tendría que darse también en la distribución de herencias familiares. Eran menos. Pero cuando ya no hubiera nadie que sustentara el parentesco directo, ¿Qué pasaría con las fortunas ancestrales? Preocupación profunda y dolorosa era para algunos, aunque no lo dijeran, la cancelación de la estirpe por el exterminio de su sangre y como consecuencia, la de su abolengo de polvo colgado a la pared de los recuerdos, en el retrato de los abuelos. Se acabarían los Sánchez, los Gálvez, los Amezcua, los Anaya, los Castellanos y los Arceo.
La verdad es que en Tortuga no había nacido ser, hombre o animal, en los últimos cuatro años. Por decir algo, las vacas y las chivas se volvieron horras y ya no dieron leche; los cerdos y los caballos se volvieron viejos, las gallinas no pusieron más huevos y los gallos dejaron de cantar en los corrales como signo de su esterilidad o su impotencia. Y Felipe Canillitas, el último de los niños nacidos en el pueblo, recién había cumplido los cuatro años."
"Y la vida en Tortuga se enfermó. Sin el sabor de la aventura. Sin el entusiasmo de crecer en la familia. Sin la fuerza creativa de los negocios para engrandecer las heredades, si ya no había herederos. Sin la proyección futurista de hacer de Tortuga un pueblo realmente significativo en el mapa poblacional del país"
"Pero un día, sin precisar la fecha para no equivocarme, Mariquilla la de Guicho sintió que le crecía la panza."
Luis Girarte Martínez, "Tortuga", 2008. pp.51-57